Yo, masoquista

Antes de que siga leyendo, quiero aclarar que si espera encontrar alguna cosa relacionada con látigos, esposas y trajes de látex... está completa y absolutamente equivocado. Porque hoy quiero hablar del masoquismo emocional que de cuando en cuando, nos ataca a absolutamente todos los mortales que vivimos sobre la faz de le tierra.

Resulta que todos alguna vez en la vida, hemos tenido una relación amorosa que ha llegado a su fin y que nos ha dejado marcados de una u otra manera. Este proceso del masoquismo sentimental, empieza al segundo quince que la relación ha terminado.

Y es cierto que todos tenemos nuestro momento masoca una vez que el de turno ya no está. Empezamos por llorar como condenadas (os) porque ya no tenemos a ese o esa como pareja para compartir la vida y encontrar en cada cosa que hacemos una huella del mencionado sujeto o sujeta.

Después pasamos de la pena a la rabia y nos da por recordar los momentos malos  como manera de poder olvidarnos del otro y dejarlo guardado en el cajón de las parejas malas (Los weas para las mujeres y las brujas para los hombres) y empezamos a encontrar horroroso cada uno de los defectos reales e inventados que alguna vez soportamos, aguantamos e incluso quisimos y/o amamos.

Después viene la etapa del autoflagelamiento (otra vez) y nos da por buscar el error que pudimos haber cometido y que llevó a que terminara la relación. Situación ante la que inevitablemente siempre tenemos la culpa, es donde empiezan los "Y si" que nos torturan una y otra vez.

La etapa que viene a continuación es la más compleja de todas: la de buscar otra oportunidad. En esta es donde todas (os) juramos de guata que no vamos a cometer los mismos errores y pasamos por el proceso de ocultar nuestra esencia para ser lo que creemos que el otro necesita y nos olvidamos de nosotras (os). Como ven, el masoquismo continúa.

Si tenemos la suerte que esa segunda (o tercera, cuarta, whatever) resulte, podemos olvidarnos del masoquismo por un rato o por toda la vida si la cosa se pone seria.

Si la oportunidad, con el número que sea, no resulta; partimos desde cero otra vez. Aunque esta vez el proceso se salta la etapa de la oportunidad y pasamos a la parte más masoca de todas: acordarnos de las cartas, las canciones y los regalos. Sacamos de la bolsa (o la caja) los recuerdos que quedaron de esa relación - si es que en la etapa de rabia no murieron todos - y nos autoflagelamos de lo lindo por un tiempo indeterminado. Proceso que puede durar años si no logramos despegarnos de esa relación.

Sin embargo, se produce un fenómeno extraño en algunas personas, como en mí por ejemplo. Los que tenemos la suerte (buena o mala, aun no lo sé) de ser de esas personas que algún olor, una canción o un lugar nos desatan los recuerdos, podemos volver a vivir alguna etapa de esa relación que se relaciona (valga la redundancia) con esa canción, ese olor o ese lugar.

El tema pasa por la capacidad que podemos desarrollar de ver esa relación mirándola como etapa de aprendizaje y recordar lo lindo que fue compartir parte de la vida con ese alguien. Ahora si nos quedamos pegadas (os) con lo mal que lo pasamos... es porque lo masoca lo llevamos en la sangre... Y ante eso, es mejor buscar dentro de nosotras (os) mismos la fuerza necesaria para dejar de ser masoquistas y empezar a recordar solo lo bueno que vivimos, lo que pudimos aprender de esa relación y dejarlo como un aprendizaje que nos hizo más fuertes, más grandes y con más experiencia para poder enfrentar una nueva relación.

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Pamela
dijo:
15/09/2011 a las 10:59 AM

Tal cual! he pasado por ello, eres muy sabia, me gustan tus articulos, claros y concisos, te espero en Alma y tinta, saludos amiga, gracias!

http://almaytinta.bligoo.com.ar/

Pamela Rodriguez

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